martes, 8 de junio de 2010

me doy permiso para . . .

¡Quien lo consigue lo consigue!


Me doy permiso para separarme de personas que me tratan con brusquedad, presiones o violencia.
No acepto la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque venga de mis padres o de mi marido, o mujer. Ni de mis hijos, ni de mis jefes, ni de nadie.

Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este momento fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás.
Merezco también consideración y respeto.


Me doy permiso para no obligarme a ser "el alma de la fiesta", el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.

Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.


Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.

Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.

Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas.


Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron.

El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada. Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.

Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer.
Voy a explorar sin angustia.


Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.

No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.

Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras rígidamente irreprochable. Es decir: inhumano.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.

No he nacido para ser la victima de nadie.


Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.

Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio.
No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores, y el resto vendrá solo. No espero de fuera.


Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Decido no intentar absorber el exceso de información.
Me permito no querer saberlo todo.
Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar a un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy.
Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.


Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras.
Y dan tanto porque quieren recibir mucho más a cambio.
Prefiero las relaciones menos densas.

Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas.
No entro en su juego.


Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.
No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.

Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no.
Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir "no".


Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario se socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo "normal" y lo "anormal" en mis estados emocionales lo establezco yo.


Autor: Joaquín Argente
Ediciones Obelisco

AFIRMACIÓN - Paramahansa Yogananda

AFIRMACIÓN - Paramahansa Yogananda
ME INCLINO ANTE EL PADRE ÚNICO INFINITO, QUE SE MANIFIESTA DE DIFERENTE FORMA EN LAS DIVERSAS IGLESIAS Y TEMPLOS, QUE SE HAN ERIGIDO EN SU HONOR. ADORO AL DIOS ÚNICO QUE ESTÁ EN LOS DIFERENTES ALTARES DE TODAS LAS ENSEÑANZAS Y RELIGIONES.

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Desde hace tiempo llegan a mi email correos que después de leerlos guardo como un tesoro por su gran contenido en sabiduría

Había decidido abrir este blog de forma personal y reunirlos todos aquí para poderlos releer de vez en cuando, pero creo que es de ser egoista guardar estas joyas para mi sola y no permitir que otros puedan disfrutar de ellas.

Por lo que finalmente, he decidido hacer público el blog, y que cualquiera pueda leer, disfrutar y reflexionar sobre su contenido.

Siempre que los conozca, citaré autores y procedencia. Y repito que, la mayoría, son escritos que me llegaron por email.